Y entonces llegó ella (A Carolina)

"My baby is coming..." fue lo primero que vi al entrar en Facebook, lo reconozco, tardé en entender la escueta actualización de mi hermana, que reside en el lado opuesto del globo en donde yo habito. Cuando lo entendí, un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Llevaba meses pensando en este momento, el momento en que mi hermano, también residiendo junto a mi hermana en el otro lado del planeta, se convirtiera en padre de una hermosa niña. Sabía que por cosas del destino me iba a perder un momento inolvidable e irrepetible en la vida de mi hermano y me había asegurado de prepararme psicológicamente para mi ausencia. De esta forma evitaría el dolor de no poder estar junto a él.

Al cabo de tan solo 48hrs. desde el nacimiento de Carolina me siento estúpido al haberme creído mi mentira. Me duele, me alegra y me duele. Lloré. Lloré de impotencia y de felicidad. Mi hermano, al que cuidé cuando era un bebé se hacía padre, después de demostrar a lo largo de su vida que es un ser humano noble, quizás el más noble que conozco, algunos creerán que es cariño fraternal y no esquivo que este hecho me llena de orgullo, pero intento ser objetivo y realmente no logro dar con nadie con el grado de nobleza y entrega altruista de mi hermano Maurizio.

La vida ha hecho que no podamos compartir muchas cosas. En parte creo que soy un nómada que se muda de continente cada cierto tiempo porque me duele estar lejos de los míos y no puedo llegar a entender que nunca podré lograrlo porque cuando esté cerca de unos me alejaré de otros y les echaré de menos como echo de menos a los que hoy están allá, lejos.

"Jodi ha roto fuentes" llegaba al Whatsapp a través de mi padre, aunque siempre había escuchado que las mujeres rompen "aguas" mi padre, seguramente inundado de orgullo ante el inminente alumbramiento de su tercer nieto, decidió que no se rompían aguas, sino aquello que lo contenía. Las nuevas tecnologías hacían que mi familia, desunida por parabienes del destino, vivieran juntos la llegada de la princesa Carolina.

Llamaba a mi otro hermano, que vive cerca de mi y confirmaba la recepción de la noticia en su teléfono, quizás inmerso en la misma sensación agridulce del momento que se vivía a 6400 Km de distancia, en la ciudad donde los sueños se hacen realidad. Orlando.

Llamaba a mi padre con un sistema online de llamadas internacionales económicas. Se encontraba en carretera, asistiendo al milagro, con aún un par de horas de carretera.

Nace Carolina. Lloro nuevamente, le doy la noticia a mi esposa, vía Whatsapp.

Llega la primera foto al móvil. No puedo verla bien, está siendo amamantada por su madre y Carolina me demuestra que llega con hambre, con ganas de vivir, sumergida en los pechos maternales de Jodi se alimenta, seguramente por primera vez. El instinto es un milagro.

Recojo a mi sobrino y a mi hija de sus respectivos colegios, les doy la noticia y les enseño la foto de su prima. Lo celebran. Como no.

Logro hablar con el flamante padre. Como venía preparando, tenía un monólogo lacrimoso preparado para la ocasión. No sale, siento el nudo en la garganta de mi hermano por el teléfono y el mío se acrecienta aún más, nos quedamos sin palabras y balbuceamos algunas incongruencias incomprensibles y decidimos casi abruptamente a cortar la comunicación, no hace falta decir nada, está todo dicho. En este caso una impresión vale más que mil palabras.

Me quedo mirando el teléfono y empiezo a sentir nuevamente la garganta libre, me pregunto porqué me bloqueé de esta forma y porque a él le sucedió lo mismo. No sé, pero me gustó más esto, por espontáneo, que el palique que tenía medio preparado.

Y así transcurrió el 20 de Octubre de 2.011, una fecha que recordaremos todos y que celebraremos todos junto a ella. Aunque estemos lejos.

Que Dios te bendiga Carolina y bienvenida al mundo princesita.

Te quiere, tu Zio Oliver.
Posted on sábado, octubre 22, 2011 by Checo and filed under | 0 Comments »